¿Y si la clave no estuviera en centrarte en solucionar lo negativo, sino en potenciar lo positivo? Esta es la idea de base de toda la psicología positiva, y es parte esencial del pensamiento del experto en crecimiento personal y autor de libros de fama mundial, como El monje que vendió su Ferrari o El Club de las 5 de la mañana, Robin Sharma.

El potencial que no expresas se convierte en dolor invisible”, asegura el escritor en una conferencia que concede en ‘Aprendemos juntos’, proyecto del BBVA. La frase aparece en su mente como respuesta a la pregunta de una de las asistentes. ¿Qué es lo que más teme Robin Sharma? “Me da miedo el potencial desperdiciado”, responde el aludido.

El potencial

Todos nacemos con un potencial, esa es la idea principal de Robin Sharma y otros tantos expertos en psicología positiva. Cuando somos pequeños, ese potencial se expresa de manera pura. Lo que hacemos de manera natural, sin que las normas y expectativas sociales o culturales se impongan, está relacionado con nuestros dones naturales. 

Así, un niño nervioso que no para, puede estar expresando un potencial para un talento físico, mientras que uno que dibuja sobre las paredes apunta hacia un talento artístico. En mi caso personal, comencé a escribir cuentos cuando apenas tenía cuatro años. 

로빈 샤르마는 자신의 잠재력을 한 마디로 요약하는데, 이것은 그가 어렸을 때 아버지가 말해준 말이다: “네가 태어났을 때 넌 울고 있었고, 다른 사람들은 기뻐했다. 아들아, 태어나 죽을 때까지 남들이 울게 하는 방식으로 살아라.” 그의 목표는 아무도 자신의 잠재력을 낭비하지 않는 것이다.

“우리는 눈에 반짝이는 빛을 지니고 태어나고, 가슴은 용기와 힘으로 가득 차 있으며, 놀라운 꿈을 꾸지만, 그다음에 어른이 된다”고 샤르마는 설명한다. 그리고 바로 그때 문제가 시작된다.

 

La traición

“Nacemos en la genialidad, pero nos abandonamos a la mediocridad”, sentencia Sharma en su conferencia. “Alguien dijo una vez que los adultos no son más que unos niños estropeados”, continua.

La adultez llega, y con ella, la traición. “Hay estudios que los respaldan, las personas usan muy poco su potencial. Por eso considero que uno de los mayores delitos es la traición a uno mismo”, asegura el escritor. Esta traición sucede cuando le damos la espalda a nuestro potencial.

Y sucede porque, como explica Sharma, “de pequeños sabíamos que podíamos hacer grandes cosas, teníamos cierta intimidad con nuestros dones y talentos, pero a medida que nos hacemos mayores nos dicen que no soñemos, que no nos atrevamos, que no sigamos nuestro corazón, que no seamos amables, ni muy entusiasmados, ni muy cariñosos”.

A este proceso la sociología lo llama “endoculturación”. Un proceso por medio del cual, a medida que crecemos, nos empequeñecemos, nos adaptamos a las expectativas externas. “Hablamos como los demás, nos vestimos como los demás, caminamos y pensamos como los demás”, reflexiona Sharma. “Empezamos a creer que el mundo no es un lugar seguro y olvidamos quién somos realmente”.

El dolor

Tras la traición aparece lo que Sharma define como un “dolor invisible”. Uno que proviene de ese acto cruel de rechazar lo que somos. Y sucede de manera silenciosa.

Cuando decides dedicarte a algo solo porque tiene mejores salidas, y no porque te apasiona. Cuando dejas de creer que tienes algo que aportar al mundo.

Cuando cambiar tu forma de reír porque te avergüenza. Cuando eliges los colores que están de moda, en lugar de los que te gusta llevar en tu ropa.

Cuando hablas como otros esperan, y no como te sale del corazón.

Poco a poco te mutilas, te eliminas, te suavizas. Y tu potencial se pierde por el camino. “El potencial que no se expresa se convierte en dolor”, asegura Sharma, “y muchos sentimos dolor porque no hemos cumplido nuestra promesa, no hemos aprovechado nuestros dones y talentos”.

Aquí se produce un doble problema. Por un lado, el dolor nos causa sufrimiento. Pero ese sufrimiento podría ser una señal de alarma si no cayéramos en el siguiente punto de la preocupación de Sharma. Y es que en el mundo moderno es muy fácil, y tentador, huir del dolor.

La huida

“Cuando sentimos dolor intentamos huir de él”, afirma Robin Sharma. No nos sentamos a dialogar con el dolor para comprender su fuente, sino que escapamos sin pensarlo demasiado. “¿Y cómo huimos del dolor?”, continua el experto. “Preocupándonos demasiado, cotilleando demasiado, estando demasiado con el móvil, trabajando demasiado, quejándonos demasiado. Intentamos huir de lo que sentimos”.

Y esto hace que caigamos en el vacío. Que nos convirtamos, como define Sharma, en “ciberzombies”, adictos a la evasión.

“Me da miedo que muchas personas magníficas y con potencial desperdicien su vida pasándose el día con el móvil, viendo vídeos de perritos y gatitos que bailan”, afirma el experto. Las cifras lo dejan claro: “Una persona media consume contenido digital durante 4,37 horas al día. Eso equivale a tres meses al año. Y ese tiempo no lo va a recuperar”, expone el escritor.

El tiempo vuela, el potencial se desperdicia, y lo único que podemos hacer para evitarlo es sentarnos a conversar con el dolor. ¿Cuál es su fuente? ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es su potencial perdido? Solo así, y con la valentía necesaria para ser fiel a uno mismo, se puede vivir una vida con esperanza y felicidad.